Moises 6 en sus Versiones Originales... Version de 1851
Y Adán escuchó la voz de Dios e invocó a sus
hijos a arrepentirse. Y conoció Adán a su mujer otra vez, y ella dio a luz un hijo, y
llamó su nombre Set. Y Adán glorificó el nombre de Dios; y para el
dijo: Dios me ha puesto otra simiente, en lugar de Abel, a quien Caín
mató. Y Dios se reveló a Seth, y él no se rebeló, sino que
ofreció un sacrificio aceptable, como su hermano Abel. y a el
también nació un hijo, y llamó su nombre Enós.
Y entonces estos hombres comenzaron a invocar el nombre del Señor, y
el Señor los bendijo, y se llevó un libro de memoria, en el
que fue registrado, en el lenguaje de Adán, porque fue dado a como
muchos que pidieron a Dios que escribiera por el espíritu de inspiración; y por
les enseñaron a sus hijos a leer y escribir, teniendo un lenguaje
que era puro e inmaculado.
Ahora bien, este mismo sacerdocio, que era en el principio, será en el
fin del mundo también. Ahora bien, esta profecía habló Adán, siendo movido
por el Espíritu Santo, y se conservó una genealogía de los hijos de
Dios. Y este era el libro de las generaciones de Adán, que decía: En el
día en que Dios creó al hombre, (a semejanza de Dios lo hizo), en el
imagen de su propio cuerpo, varón y hembra, los creó y los bendijo
ellos, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados,
y se convirtieron en almas vivientes, en la tierra sobre el escabel de Dios.
Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo en
su propia semejanza, conforme a su propia imagen, y llamó su nombre Set. Y
Fueron los días de Adán, después que engendró a Set, ochocientos años,
y engendró muchos hijos e hijas; y todos los días que Adán
vivió novecientos treinta años, y murió.
Set vivió ciento cinco años, y engendró a Enós, y profetizó
en todos sus días, y enseñó a su hijo Enós en los caminos de Dios; donde
Enós también profetizó. Y vivió Set, después que engendró a Enós, ocho
cientos siete años, y engendró muchos hijos e hijas.
Y los hijos de los hombres eran numerosos sobre toda la faz de la tierra. Y en
aquellos días Satanás tenía un gran dominio entre los hombres, y se enfurecía en su
corazones; y a partir de entonces vinieron las guerras y el derramamiento de sangre; y de un hombre
su mano estaba contra su propio hermano, al administrar la muerte, a causa de las
obras secretas, en busca de poder. Y todos los días de Set fueron nueve
ciento doce años, y murió.
Y Enós vivió noventa años, y engendró a Cainán. y Enós y
el remanente del pueblo de Dios salió de la tierra que se llamaba
Shulon, y habitó en la tierra prometida, a la cual llamó como su propio hijo,
a quien había llamado Cainán. Y vivió Enós, después que engendró a Cainán,
ochocientos quince años, y engendró muchos hijos e hijas.
Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años, y murió.
Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel; y Cainán
vivió después que engendró a Mahalaleel ochocientos cuarenta años, y engendró
hijos e hijas. Y fueron todos los días de Cainán novecientos
diez años, y murió.
Y vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared; y Mahal-
Aleel vivió, después que engendró a Jared, ochocientos treinta años, y
engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Mahalaleel ocho
ciento noventa y cinco años, y murió.
Y vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a
Enoc; y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años, y
engendró hijos e hijas. Y Jared enseñó a Enoc en todas las formas de
Dios. Y esta es la genealogía de los hijos de Adán, que era hijo
de Dios, con quien Dios mismo conversó. Y ellos eran predicadores
de justicia, y habló y profetizó, e invitó a todos los hombres,
a donde arrepentirse; y la fe fue enseñada a los hijos de los hombres. Y
Aconteció que todos los días de Jared fueron novecientos sesenta y cinco
dos años, y murió.
Y Enoc vivió sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. y entonces
aconteció que Enoc viajó por la tierra, entre la gente; y como
viajó, el Espíritu de Dios descendió del cielo y reposó sobre
él, y oyó una voz del cielo que decía: Enoc, hijo mío, profetiza
a este pueblo, y diles: Arrepentíos, porque así dice el Señor: Yo
estoy enojado contra este pueblo, y el ardor de mi ira está encendido contra ellos;
porque sus corazones se han endurecido, y sus oídos se han entorpecido para oír, y
sus ojos no pueden ver de lejos; y para estas muchas generaciones, incluso desde
el día que los creé, se descarriaron y me negaron,
y han buscado sus propios consejos en la oscuridad; y en su propia abominación
las naciones han maquinado el asesinato, y no han guardado los mandamientos,
que di a su padre Adán. Por tanto, han renunciado a
ellos mismos, y, por sus juramentos, se han acarreado la muerte;
y un infierno les he preparado, si no se arrepienten: y este es un
decreto que yo envié en el principio del mundo, de mi
mi propia boca, desde su fundamento, y por la boca de mis siervos,
vuestros padres, lo he decretado, así como será enviado en el
mundo, hasta su fin.
Y cuando Enoc hubo oído estas palabras, se inclinó ante la
tierra, delante de Jehová, y habló delante de Jehová, diciendo: ¿Por qué es que
He hallado gracia ante tus ojos, y soy un muchacho, y todo el pueblo
Ódiame; porque soy tardo para hablar, ¿por qué soy tu siervo?
Y el Señor dijo a Enoc: Ve y haz lo que te he pedido.
te mandó, y nadie te traspasará. Abre tu boca y será
saciaos, y os dar la palabra, porque toda carne est en mis manos, y
Haré lo que me parezca bien. Di a este pueblo: Elegid vosotros este día,
para servir al Señor Dios que te hizo. He aquí mi Espíritu está sobre ti,
por tanto, todas tus palabras justificaré; y los montes huirán delante
ti, y los ríos se desviarán de su curso; y morarás en
mí, y yo en vosotros, por tanto, andad conmigo.
Y habló el Señor a Enoc, y le dijo: Unge tu
ojos con lodo, y lávalos, y verás. Y así lo hizo.
Y vio los espíritus que Dios había creado; y vio también cosas
que no eran visibles al ojo natural; y de allí en adelante vino el
diciendo en la tierra: Vidente ha levantado el Señor a su pueblo.
Y aconteció que Enoc salió por la tierra, entre los
pueblo, de pie sobre los montes y los lugares altos, y clamaban a gran voz
voz, testificando contra sus obras, y todos los hombres se escandalizaban a causa de
él. Y se acercaron a oírle desde los lugares altos, diciendo a
los encargados de las tiendas: Quedaos aquí y cuidad las tiendas, mientras nosotros vamos más allá a verle.
He aquí al Vidente, porque profetiza, y hay algo extraño en la
tierra; un hombre salvaje ha venido entre nosotros.
Y aconteció que cuando le oyeron, nadie echó mano a
él; porque vino temor sobre todos los que le oyeron; porque caminó con
Dios. Y vino a él un varón, cuyo nombre era Maías, y
le dijo: Dinos claramente quién eres y de dónde
has venido? Y les dijo: Salí de la tierra de Cainán,
la tierra de mis padres, tierra de justicia, hasta el día de hoy. Y mi
mi padre me enseñó en todos los caminos de Dios. Y aconteció, mientras yo
venia de la tierra de Cainan, por el mar al este, vi una visión; y
he aquí, los cielos vi, y el Señor habló conmigo, y me dio
mandatos; por tanto, por esta causa, para guardar el mandamiento, hablo
adelante estas palabras.
Y Enoc continuó su discurso, diciendo: El Señor que habló con
mí, éste es el Dios de los cielos, y él es mi Dios, y vuestro Dios, y
sois mis hermanos, y ¿por qué os aconsejáis y negáis al Dios del
cielo?
Él hizo los cielos; la tierra es el estrado de sus pies, y el fundamento
de eso es suyo. He aquí que él lo puso, una hueste de hombres ha traído
sobre la cara del mismo. Y la muerte vino sobre nuestros padres: sin embargo,
menos los conocemos, y no podemos negar, e incluso el primero de todos sabemos,
incluso Adán. Porque un libro de memoria hemos escrito entre nosotros, según
conforme al patrón dado por el dedo de Dios; y se da en nuestro
lenguaje propio.
Y cuando Enoc pronunció las palabras de Dios, el pueblo tembló,
y no pudo estar en su presencia; y él les dijo: Porque ese
Adán cayó nosotros somos: y por su caída vino la muerte; y estamos hechos par-
tomadores de miseria y aflicción. He aquí Satanás ha venido entre los niños
de los hombres, y los tienta a que le adoren; y los hombres se han vuelto
sensuales y diabólicos, y están excluidos de la presencia de
Dios. Pero Dios ha hecho saber a nuestros padres que todos los hombres deben
encerrarse.
E invocó a nuestro padre Adán con su propia voz, diciendo: Yo soy
Dios: Yo hice el mundo y los hombres antes de que existieran en la carne. Y el
también le dijo: Si te vuelves a mí, y escuchas mi voz,
y creed, y arrepentíos de todas vuestras transgresiones, y sed bautizados, sí, en
agua, en el nombre de mi Hijo Unigénito, que es lleno de gracia y
verdad, que es Jesucristo, el único nombre que será dado bajo los
cielos, por el cual vendrá la salvación a los hijos de los hombres, vosotros
recibirá el Don del Espíritu Santo, pidiendo todas las cosas en su nombre,
y todo lo que pidiereis, os será dado.
Y nuestro padre Adán habló al Señor, y dijo: ¿Por qué es que
los hombres deben arrepentirse y ser bautizados en agua? Y el Señor dijo a
Adán, he aquí, te he perdonado tu transgresión en el Jardín de
Edén. De ahí salió el dicho entre el pueblo: Que el Hijo
de Dios ha hecho expiación por la culpa original, en la cual los pecados de los padres
no puede responderse sobre la cabeza de los niños, porque son enteros
desde la fundación del mundo.
Y habló el Señor a Adán, diciendo: En la medida en que tus hijos
en pecado son concebidos, así también cuando comienzan a crecer, el pecado concibe
en sus corazones, y gustarán lo amargo, para que sepan apreciar lo
bueno. Y les es dado distinguir el bien del mal; por qué
son sus propios agentes, y os he dado otra ley
y mandamiento. Enséñalo, pues, a tus hijos, que todos los hombres,
en todas partes, deben arrepentirse, o de ninguna manera pueden heredar el reino de
Dios, porque ninguna cosa inmunda puede morar allí, ni morar en su presencia; por,
en el lenguaje de Adán, Hombre de Santidad es su nombre; y el nombre
de su Unigénito, es el Hijo del Hombre, Jesucristo, un justo
Juez que vendrá en el meridiano de los tiempos. Por eso doy a
un mandamiento, de enseñar estas cosas gratuitamente a vuestros hijos, diciendo:
que por causa de la transgresión viene la caída, la cual trae
muerte, y por cuanto nacisteis en el mundo por agua y sangre,
y el espíritu que yo hice, y así del polvo se convirtió en un alma viviente,
así también os es necesario nacer de nuevo en el reino de los cielos, del agua,
y del Espíritu, y sed limpiados por la sangre, la sangre de mi Unico
engendrado; para que seáis santificados de todo pecado, y disfrutéis de las palabras de
vida eterna en este mundo, y vida eterna en el mundo venidero, aun
gloria inmortal: Porque por el agua guardáis el mandamiento; por el
Espíritu sois justificados, y por la sangre sois santificados; por tanto, es
dado a permanecer en ti; el registro del cielo; el Consolador; el
cosas apacibles de gloria inmortal; la verdad de todas las cosas; aquello que
da vida a todas las cosas, que da vida a todas las cosas; el que sabe,
Él es todo y tiene todo poder, según la sabiduría, la misericordia, la verdad,
justicia y juicio.
Y ahora, he aquí, os digo: Este es el plan de salvación para
todos los hombres, por la sangre de mi Unigénito, que vendrá en el
meridiano del tiempo. Y he aquí, todas las cosas tienen su semejanza, y todas las cosas
son creadas y hechas para dar testimonio de mí, ambas cosas que son temporales,
y cosas que son espirituales; cosas que están arriba en los cielos,
y las cosas que están en la tierra, y las cosas que están en la tierra,
y las cosas que están debajo de la tierra, tanto arriba como abajo: todas las cosas
dar testimonio de mí.
Y aconteció que cuando el Señor hubo hablado con Adán, nuestro
padre, que Adán clamó al Señor, y fue arrebatado por el
Espíritu del Señor, y fue llevado al agua, y fue puesto
debajo del agua, y fue sacado del agua. Y así él
fue bautizado; y el Espíritu de Dios descendió sobre él, y así él
nació del Espíritu, y fue vivificado en el hombre interior. Y
oyó una voz del cielo que decía: Tú eres bautizado con fuego y con
el Espíritu Santo. Este es el testimonio del Padre y del Hijo, desde
desde ahora y para siempre; y tú eres según el orden del que estaba conmigo,
fuera de principio de días o fin de años, de eternidad en eternidad.
He aquí, tú eres uno en mí, un hijo de Dios; y así todos se conviertan en mis
hijos. Amén.